La Navidad es como una drag queen, que sin vestido, plataformas, ni maquillaje, es Pedro el vecino de tercero, por mucho que él en pijama se sienta una reina. Así que un profundo respeto para quien lleve la Navidad en el corazón, que igual es nostalgia, pero ¿quién diría que es navidad, sin luces, guirnaldas, regalos, indigestión y resaca?

No soy hater de la Navidad, aunque me guste más el “Festivus”: fiesta alternativa inventada por los guionistas de Seinfeld, en la que en lugar de pino navideño se pone un palo de escoba, y en lugar de cena de navidad, se hace una cena para sacar (y lavar) todos los trapos sucios de los asistentes. Pues ahora que lo escribo, esto último no es tan diferente… claro, es la navidad que disfraza todo de paz y amor. No, que no soy tan hater, pero la necesidad de aparentar me horripila, y digo aparentar y no expresar con toda la intención.

La cuestión es que para una persona que se propone vivir de manera sostenible, estas fechas son un calvario. Para empezar, la decoración. Una vez que te independizas te toca (si quieres, claro), hacerte el ajuar navideño, como ese que tus padres también hicieron hace 40 años y que se sigue viendo actual. Estoy segura de que ya se puede encontrar decoración navideña de bambú, cartón reciclado, etc. (cuando laola crezca puede que abramos ese melón), pero ¿cómo se siente una casa navideña, sin luces, sin cintas de colores metalizados y sin purpurina?, pues se siente como Pedro. De todas maneras, queridos zerowasters que apañáis la casa sin exceso y sin plástico, os admiro, porque vuestra casa se verá triste, pero comprometida.

Los regalos, otro temazo para los plasticarianos y para los ermitaños del consumo. Parece que si no hay artículos de consumo que desenvolver debajo del árbol, no hay magia… como si esta existiera y encima fuera propiedad del marketing. El “unboxing” ya es parte esencial de una compra y aporta valor hasta a una piedra que se envuelva de tal forma que dé gusto y/o lástima desempaquetar. Es parte de la experiencia de consumo, un intangible que alimenta las emociones de inmediato y hace el producto más deseado, pero no más valioso. Además, en esto del empaque a veces se pierde toda coherencia, porque ¿qué credibilidad puede tener una marca zerowaste cuyo envío llega con plástico, plastificados o una cantidad ingente de material, reciclado o no?. En definitiva, no te dejes engañar por las apariencias y sé fuerte, no compres lo de siempre por el qué pensarán. Después de años regalando experiencias para mi sobrino, soy la tía de los regalos guais, y con eso me quedo. De todas formas, en este tiempo también he regalado algún que otro artículo de segunda mano, porque ese mercado está repleto de regalos no deseados, que son un «win, win» para otros.

Aquí va la cuña publicitaria: los productos de laola son un excelente regalo, por lo obvio y porque inspiran un cambio. Ahora deja que explique por qué no soy una flipada. El cambio no lo inspira laola (al comprador inicial puede que un poco), el cambio lo inspiras tú, porque has decidido regalar sostenible a pesar del bombardeo consumista de productos inútiles o de usar y tirar (no todos). Eso, no me digas que no es la mejor manera de infundir tu respeto por el medioambiente y el comercio justo a quien le regalas. Además, no estás regalando una castaña pilonga, sino productos de calidad que van a usar y disfrutar seguro. Te lo ponemos fácil con los packs y con las Tarjetas Regalo.

Vamos con las cenas, comidas y eventos en Navidad. Eso de “mejor que sobre, que no que falte” antes se decía pensando en las croquetas de sobras, las meriendas/cenas de días posteriores y en el perro de la casa o del barrio. En cambio, ahora casi siempre se prefiere tirar a guardar porque esto último parece requerir la logística de los viajes transoceánicos del siglo xv… y en realidad es pura comodidad injustificada, ¡qué me digan lo contrario! Para hacerse una idea, en 2021, sólo en España se tiraron a la basura 1,2 millones de toneladas de alimentos. Es un desperdicio especialmente doloroso porque es comida que otros no tienen, porque hasta el plato no llega sin tierra, agua, tiempo, trabajo y transporte, y porque en el vertedero se pudre y libera metano. ¡Ojo dato! Sólo en vertederos, se genera el 16% del total de emisiones de efecto invernadero ocasionadas por el ser humano. La basura es un monstruo que no queremos ver, que debería ser visitado obligatoriamente en su reino… qué poético me ha quedado, ahora mismo voy a hacer la propuesta al ayuntamiento para que nadie la apoye…

Y para terminar sólo recordarte que la purpurina, las lentejuelas y las licras (festival de microplástico) sólo brillan si hay luz alrededor… Vigo a parte.

Gracias por cuidar el medioambiente, felices fiestas y toneladas de buen humor.

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