Vestimenta y actitud.

Elige un día que no andes muy estresado/a o te harás crudivegano/a. Cerciórate de que tus tápers o tuppers (depende de cuanto de idiota te sientas hablando en inglés) están bien limpios, porque lo que vas a hacer es toda una acción de marketing directo y si el señor/ra del carrito y mil bolsas de plástico relacciona suciedad con «jipismo», perderás una oportunidad de oro. Segundo y en la misma línea, no hace falta que vayas de comunión al mercado pero ponte algo que te haga respetable a ojos de tu abuela, por muy escombro que seas, algo tendrás.

 

Lenguaje corporal e interacción verbal en el mostrador.

Siéntete seguro/ra y pon los tápers a la vista de todos nada más llegar al mostrador, así conseguirás la atención y juicio de todos los clientes presentes y disfrutarás del nerviosismo del tendero antes de que desafíes la ley no escrita de aceptar los envases que no quieres. Cuando llegue tu turno saluda educado, efusivamente y sonríe lo más natural que puedas. Que no se note que deseas hacer brochetas humanas con los palos de los pinchos morunos embandejados en poliespan y envueltos en plástico film. A veces no se sabe si compras comida o bellotas de hachís listas para ingerir.

Pide lo que necesites y apresúrate a decirle al carnicero/ra que quieres que te ponga todo dentro del táper; por favor di táper y no «tupper», vamos a centrarnos en el cambio de hábitos a la hora de hacer la compra y no en asco/bochorno que sigue dando escuchar a alguien pronunciando bien inglés. Yo siempre añado la coletilla «así aprovechas ese papel (plastificado) y lo usas con otro cliente (¡maldita sea!)»; esta es una manera de ganarte un poco al carnicero y ver por donde respira.

 

Tipos de carnicero/ra y cómo afrontar a cada uno

  • El carnicero/ra ideal. 

Es ese que dice lo de «ojalá más gente hiciera lo mismo». Por mí experiencia, es el más común, y aunque su puesto sea de todo menos sostenible, es un “win win” que te apoye delante de su clientela. Verás como algunos clientes se suman a su apoyo y otros te miran con condescendencia neoliberal; que nada te haga perder la sonrisa. Desde esta primera interacción tienes asegurado el colegueo con el carnicero y tema de conversación para décadas. Eso sí, trata de avanzar en el tema porque puedes encallar en un bucle en el que todos los días de mercado resulten ser el mismo una y otra vez. Por ejemplo, mi charcutero ya me ha contado cinco veces que antes de la pandemia tenía tápers para dar y regalar y que no sabía qué hacer con ellos, y creo que la próxima vez ya será oportuno decirle que cuando los vuelva a tener se los regale a sus clientes con su compra dentro y les anime a usarlos siempre ¡¡Chachán!! uno de los posibles gestos que no hay que desmerecer de negocios lejos del impacto neutro.

  • El carnicero/ra amargado.

El que te mira como si le estuvieras diciendo todo lo que piensas de su mierda de actitud a la cara. Prepárate para mantener la compostura porque no te olvides que sigues haciendo marketing directo con toda la clientela que te rodea. Este tipo va a desaprobar tu taperware porque claramente es un arma blanca que le va a joder su manera de trabajar en piloto automático. Te dirá cosas como «es que esto aquí no cabe bien y se te va a abrir» o «esto no va a cambiar porque eres uno entre un millón (¡payaso!)». Respira, argumenta sin titubear y en un tono de voz que te pueda oír el personal. Yo siempre recurro al «si todo el mundo pensara así seguiríamos viviendo en cuevas», ¡como en la deberías seguir viviendo, «caberro/a»! Bueno, faltar ya no, recuerda, que en esta batalla sólo puedes ganar. Te sugiero que no dejes de ir a esta carnicería porque a lo mejor no te da los mejores filetes, pero imagina que alguno de sus clientes habituales decide copiarte… Eso… Eso no está pagado.

  • El carnicero/ra ameba.

El que igual te pone tres rodajas de su mano sin enterarse. Aunque no lo parezca es un ser vivo y mientras acepte el táper con un «claro» vamos bien. Es un misterio que pasa por la cabeza de esta persona cuando ves que coge una bolsa de plástico para meterte el táper, y se sorprende cuando le dices “no, gracias”. Aunque parezca inútil te aconsejo que no pierdas la oportunidad de decirle que usas el táper para evitar plásticos, por la contaminación, y esas cosas que nadie sabe si calan en un ser cuasi-inanimado. Con este carnicero tienes que estar muy pendiente, porque como te descuides te da un chorizo embolsado o te forra de papel film el filete antes de meterlo en el táper (true story. Lloré cuando llegué a casa).

  • El carnicero corporativista 

Yo prefiero llamarlo “come****rda” (me desalinean los chakras)(asteriscos porque Google me penaliza). Es ese que se pone a sudar cuando te ve llegar con los “tuppers” porque su empresa le debe de dar descargas en los genitales si no sigue el ritual de envasado. Cabe diferenciar dos subperfiles en esta categoría (muy subsub los dos). Uno es el lame**yates (ya sabéis, Google…) cobarde que buscará ayuda en un compañero y otro es el come***rda con orgullo. Se entiende que cuando trabajas en un supermercado has de acatar sus normas, pero cuando estas son estúpidas por lo menos exprésalo, y en la medida de lo posible no hagas estupideces por dinero, así en general. El procedimiento a seguir con este espécimen es decirle educadamente y sin rencor que no vas a comprar nada porque es un despropósito la cantidad de plástico que utilizan habiendo otras alternativas. Como en los otros casos, recuerda: «marketing directo»; dilo alto y claro. La vergüenza está de su lado. Es probable que te encuentres a empleados de supermercado que empatizan y apoyan tu lucha; si esto pasa, sé empático con ellos, pero no con su actitud “come****rda”.

Hace no mucho una señora de un supermercado me dijo que me tenía que meter unos plátanos en una bolsa de plástico cerrada o en una bolsa de papel, pero no en mi propia bolsa de papel… ¡WTF! sí, absurdo. Le dije que no entendía nada y me dijo que ella estaba muy metida en el tema zerowaste, no plástico, etc. y que se había enterado de que pronto iban a poner en el súper bolsas de fécula de patata. Casi le beso los morros.

 

Ahora que conoces los escenarios a los que puedes enfrentarte, ¿a que no es para tanto?  Exhibe tus “tupperwares” sin modestia alguna cuando vayas a la compra, incluso cuando vayas con el carrito de tela (chiste para los que están más cerca de los 25 que de los 50). Y primordial, no olvides contar a tus amigos y familiares la experiencia de cuestionar los hábitos; siempre con humildad, cero moralinas y mucho sentido del humor, que nunca se sabe cuando algo de esto va a calar en un taurino.

Si este post al menos te ha aportado un buen rato, estate atento porque próximamente abordaré: “¿cómo afrontar la depresión postcompra?”. ¡Ánimo valientes!

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